No sé muy bien cómo decir esto sin parecer exagerada, pero Yo mato, de Giorgio Faletti no es “un libro más de novela negra”. Es ese libro que empiezas pensando “leo un rato” y acabas mirando el reloj a las tres de la mañana, enfadada contigo misma… y pasando página igualmente. Faletti no escribe: te mete dentro. Desde el minuto uno crea una atmósfera inquietante, elegante y bastante perturbadora, donde el mal no va disfrazado ni sobreactuado. Aquí el mal es frío, inteligente y peligrosamente humano. Y eso, sinceramente, da más miedo. La historia avanza con una precisión casi insultante. No hay paja, no hay relleno, no hay capítulos de “transición”. Todo está ahí por algo. Ambientado en ese Montecarlo tan glamurizado como falso, el ritmo es impecable y cada giro encaja como una pieza de un puzzle muy bien pensado. El asesino… qué decir. De los mejor construidos que he leído jamás. No solo por lo que hace, sino por cómo piensa, cómo se justifica y cómo consigue que, muy a tu pesar, ...
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